
Fue a partir de mediados del pasado siglo XX cuando se comenzó a utilizar por sus propiedades contra las diarreas. Esta característica se la debe a su riqueza en fibra tanto en forma cuantitativa, por alcanzar casi el 13%, como de manera cualitativa, ya que posee fibras solubles como pectina y lignina. Esto aporta efectos beneficiosos a la flora intestinal ya que disminuye bacterias nocivas e incrementa los lactobacilos. Recientes estudios demuestran la gran efectividad de la harina de algarroba contra úlceras, diarreas infantiles e infecciones intestinales. Sus fibras cumplen un triple efecto: convierten el líquido en gel coloidal, distienden las paredes intestinales y estimulan un correcto peristaltismo que elimina las contracciones dolorosas.

Uno de sus componentes en fibra es la pectina, conocida como espesante, tiene otras importantes propiedades: es laxante, coagulante y bactericida, previene el cáncer, reduce el colesterol, ayuda en la formación de las membranas celulares, elimina metales pesados y sustancias radioactivas del organismo, y protege la mucosa intestinal.